- La presidencia considera al fundador del PT clave para evitar su proceso de destitución
Antonio Jimémez Baca - Sao Paolo - El País
En un giro impensable hace unas semanas e inimaginable hace un año, el expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva se apresta, según varios medios brasileños, a entrar en el Gobierno de Dilma Rousseff, la persona a la que él mismo eligió para sucederle. Es un capítulo rocambolesco más de la crisis política en la que cada día se hunde más el país. Lula, el hasta hace años político más valorado de la historia brasileña, acusado ahora por la Fiscalía de aceptar regalos de empresas vinculadas a la trama de Petrobras, aceptará ser ministro por dos razones concretas: conseguir un aforamiento que le proteja de la acción judicial desencadenada contra él y ayudar, con su probada capacidad de negociación, a aglutinar en torno a él el número suficiente de diputados y senadores que evite la cada vez más amenazante destitución parlamentaria (impeachment), que podría apartar del Gobierno a Rousseff en dos meses. Bastó que la noticia de que Lula se prepara para aceptar un cargo en el Gobierno saltara a los periódicos de Brasil para que la bolsa brasileña bajara más de un 3,5% y el dólar subiera más de un 3%. Un síntoma más de la desconfianza que muestran los mercados hacia Lula, Rousseff y el Partido de los Trabajadores (PT).
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