México, un mosaico de realidades y perspectivas divergentes, producto de la fragmentación social registrada durante las cuatro últimas décadas.
En México no se entendió el rumbo que tomaría la economía mundial después de la crisis del petróleo de loa años ochenta.
No se comprendió que la apertura económica era una batalla entre dos orientaciones de capitalismo, una basada en la promoción del Estado y otra fundamentada en la operación de grandes empresas trasnacionales que requerían una desregulación comercial, financiera y laboral que a la vez les permitiera aprovechar las ventajas comparativas de cada país del mundo.
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