jueves, 10 de marzo de 2016

AMORES QUE MATAN

  • El poder, como una droga, provoca una cruel adicción entre quienes lo ejercen
Jorge Zepeda Patterson - El País
Tras una larga e intensa vida de fumador, Lula da Silva tuvo la fuerza de dejar atrás su adicción por el tabaco; no ha podido hacer lo mismo con su otra adicción, el poder. La primera estuvo a punto de costarle la vida, la segunda podría costarle la cárcel. El amago de buscar de nuevo la presidencia en las próximas elecciones ha enturbiado la discusión en Brasil sobre la figura del político, de por sí atribulada por la investigación en curso sobre su responsabilidad en presuntos actos de corrupción. Lo cierto es que, a sus 70 de edad, Lula decidió correr riesgos con tal de sentarse en el trono durante algunos años más.

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