Finalmente el peor escenario se concretó. Grecia está en default. Los acreedores rechazaron extender el plazo para evitar este impago. En la dura disputa de cinco meses, en la que no pudo lograrse un acuerdo, hoy está claro que los acreedores no querían llegar a ese entendimiento. La estrategia de los dirigentes de Syriza fracasó porque era imposible convencer a los gobiernos europeos de la inviabilidad del programa acordado, porque para ellos lo central era, y sigue siendo, que para permanecer en el euro hay que aceptar el dictum de la austeridad.
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