Raymundo Riva Palacio / El Financiero
El PRI perdió dos millones de votos en la elección del 7 de junio y dejó de gobernar a 10 millones de mexicanos. Perdió capitales y congresos estatales importantes, y sufrió descalabros fuertes en Nuevo León y Querétaro. Logró el control en el Congreso, con el peor resultado en votos y porcentajes en su historia, gracias a los 20 diputados sandía –que compitieron como verdes–, y a que Andrés Manuel López Obrador fragmentó el voto.
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