El juicio contra Strauss-Khan revela el lado más sórdido del expolítico
El juicio a Dominique Strauss-Kahn, el otrora todopoderoso director
general del Fondo Monetario Internacional y hombre a quien todas las
quinielas políticas colocaban en la presidencia francesa, se está
revelando como un auténtico ejercicio de surrealismo sórdido. Los
testimonios que se escuchan ante un tribunal de Lille muestran hasta qué
punto un hombre puede justificarse de cualquier barbaridad que haya
cometido y trocar la condición de acusado por la de víctima sin
pestañear. Strauss-Khan, cuya estrella se apagó de golpe al ser detenido
en Nueva York en 2011 por asalto sexual a la camarera de un hotel, está
acusado de proxenetismo, un delito que en Francia le puede costar diez
años de cárcel. El acusado lo niega, pero al hacerlo se enreda en una
maraña de argumentos que llevan al ciudadano medio a llevarse las manos a
la cabeza al considerar que personas como Strauss-Khan pueden presidir
organismos con gran influencia en el mundo.
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