martes, 10 de febrero de 2015

LOS ESPÍAS

  • En España nos hemos acostumbrado a que el ministro Montoro sacuda con filtraciones de inspección de Hacienda a sus rivales electorales, pero no dedique la misma medicina a escándalos que afectan a su partido

Al cine y a la televisión siempre les ha fascinado el funcionamiento de los servicios secretos de la Estado. A la espera de que llegue a España el documental Citizenfour, nominado al Oscar, donde Laura Poitras cuenta su entrada en contacto con Edward Snowden y las revelaciones sobre el grado de control en las comunicaciones por parte de la NSA norteamericana, recibimos noticias desasosegantes sobre el uso de información secreta en la pelea cotidiana. En España nos hemos acostumbrado a que el ministro Montoro sacuda con filtraciones de inspección de Hacienda a sus rivales electorales, pero no dedique la misma medicina a escándalos que afectan a su partido, propiciando una confusión triste entre instituciones y Gobierno. Seguimientos y filtraciones de informes policiales, tan oportunos como luego desautorizados, jalonan cada pelea electoral para pasmo ciudadano. Sabemos que fue la lista de clientes con cuentas secretas protegidas en Suiza difundida por Falciani la que ha propiciado las más sonadas investigaciones, lo que alumbra la opacidad con la que funciona el delito fiscal en los paraísos y la inoperancia de los mecanismos de control.

No hay comentarios:

Publicar un comentario