- En España nos hemos acostumbrado a que el ministro Montoro sacuda con filtraciones de inspección de Hacienda a sus rivales electorales, pero no dedique la misma medicina a escándalos que afectan a su partido
Al cine y a la televisión siempre les ha fascinado el funcionamiento de
los servicios secretos de la Estado. A la espera de que llegue a España
el documental Citizenfour, nominado al Oscar, donde Laura
Poitras cuenta su entrada en contacto con Edward Snowden y las
revelaciones sobre el grado de control en las comunicaciones por parte
de la NSA norteamericana, recibimos noticias desasosegantes sobre el uso
de información secreta en la pelea cotidiana. En España nos hemos
acostumbrado a que el ministro Montoro sacuda con filtraciones de
inspección de Hacienda a sus rivales electorales, pero no dedique la
misma medicina a escándalos que afectan a su partido, propiciando una
confusión triste entre instituciones y Gobierno. Seguimientos y
filtraciones de informes policiales, tan oportunos como luego
desautorizados, jalonan cada pelea electoral para pasmo ciudadano.
Sabemos que fue la lista de clientes con cuentas secretas protegidas en
Suiza difundida por Falciani la que ha propiciado las más sonadas
investigaciones, lo que alumbra la opacidad con la que funciona el
delito fiscal en los paraísos y la inoperancia de los mecanismos de
control.
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