Luis Rubio / El Siglo de Torreón
Nuestra tradición política y cultural tiende a
despreciar uno de los pilares del desarrollo occidental. La propiedad,
esa ancla del desarrollo que primero articuló, en términos filosóficos,
John Locke, es mucho más trascendente de lo que usualmente reconocemos.
La certeza respecto a la propiedad que una persona tiene determina su
disposición a ahorrar e invertir, de lo cual depende, a final de
cuentas, el crecimiento agregado de la economía y de los ingresos; es
decir, se trata de un elemento de esencia en la condición humana.
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