La crisis nos ha abierto los ojos antes cerrados, o
condescendientes, al maridaje de mercado y política, causa y razón de la
pérdida de legitimidad del Estado democrático en cuanto artífice y
defensor del bien público
"Lo que fue, eso será”, decía el Cohelet, hijo de David, rey de Israel:
“Lo que ya se hizo, eso es lo que se hará; no se hace nada nuevo bajo el
sol. Hasta una cosa de la que dicen: mira, esto es nuevo, aun ésa ya
fue en los siglos anteriores a nosotros”. La naturaleza humana, que
dicen otros, o la fuerza de las cosas: cuando se trata de dinero y de
poder o, más bien, de las tramas tejidas entre dinero y poder, lo que
hemos visto, eso mismo es lo que vemos y veremos. Y lo que hemos visto
desde que perdimos la inocencia es corrupción, que durante largos años
ha campado por sus respetos sin temor a que una reacción airada de la
opinión pública hiciera morder el polvo a los corruptos: saberlo todo de
las tramas de corrupción no ha impedido que los partidos de ellas
responsables repitieran mayoría absoluta en convocatorias electorales.
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