No hay argumentos válidos contra deidades. Y Chávez, como Evita, como Juan Perón, ya entró en el terreno divino
En el pasado quedó, afortunadamente, el encanto global de Hugo Chávez.
No me refiero a su muerte, sin duda a destiempo, sino a aquella visión
romántica que tenían muchos en Europa por el verbo incendiario del
caudillo venezolano. Recuerdo cuando comencé a escribir sobre asuntos
políticos de Venezuela, en octubre de 2002, como la inmensa mayoría de
las personas con las que hablaba sobre mi país me decían, palabras más o
menos: “pero Chávez está ayudando a los pobres. Por primera vez en la
historia un gobernante se ha ocupado de que los enseñen a leer y a
escribir, ha hecho universal el acceso a la salud y además ha reclamado
la soberanía de Venezuela...” Curiosamente, en un continente donde el
estamento político está profundamente desacreditado, como lo es el
europeo, muchos de sus habitantes tomaban la palabra de aquel político
venezolano como misa. Pero reitero, felizmente, ello cambió.
No hay comentarios:
Publicar un comentario