Gustavo Gordillo/1 / La Jornada
Se lee en La Jornada
de ayer: la Comisión Económica para América Latina (Cepal) recomendó la
creación de fondos de alimentos para enfrentar el incierto panorama que
se plantea en la producción mundial por la sequía, inundaciones e
incremento de precios.
La discusión sobre los alimentos se ha convertido en tema estratégico
por la volatilidad de los precios de algunos alimentos a partir de la
crisis de 2007-2008. Como señalamos recientemente De Janvry, Sadoulet y
yo: El alza de los precios de 2008 fue seguida de otros aumentos de
precios y en general de una tendencia al alza, lo cual constituye en sí
un punto de inflexión en la situación alimentaria mundial. Los
inventarios mundiales de alimentos están en su punto bajo más bajo, lo
que contribuye a la volatilidad en los precios alimentarios. La demanda
por biocombusibles compite contra la demanda por alimentos que añade una
presión alcista en los precios de los granos. En el corto plazo los
países respondieron el aumento de precios con barreras a la exportación y
compras de urgencia para proteger a los consumidores. Después de 25
años de relativo estancamiento los países también han comenzado a
invertir masivamente en la producción de alimentos para aumentar sus
autosuficiencias, incluso mediante acaparamientos de tierras en otros
países”. (FERDI, Policy brief, March 2012)Como miembro del grupo de siete expertos en planeación estratégica alimentaria convocado por el director general de la FAO he participado en las tres reuniones del grupo, siendo la más reciente en Roma hace unos días. La visión predominante respecto a los retos que implica la producción de alimentos la podría resumir en los siguientes puntos.
La volatilidad de los precios se ha agudizado como consecuencia del cambio climático que ha impactado por medio de sequías y/o inundaciones a amplias regiones del mundo, algunas de las cuales son clave en la oferta mundial de alimentos.
Los factores más profundos tienen que ver con la desviación de granos básicos como maíz o de caña a de azúcar o de remolacha a la producción de biocombustibles. De otra parte la inestablidad de los mercados financieros se ha trasmitido a los mercados agrícolas de futuros generando condiciones para la especulación.
Respecto a la demanda se observa dos distintas tendencias en
los hábitos alimentarios de los consumidores, que son impulsados por los
profundos cambios demográficos y económicos: la convergencia y la
adaptación dietética. La primera explica la creciente similitud de las
dietas de todo el mundo, y se caracteriza por una mayor dependencia de
pocos cereales básicos (trigo y arroz), así como por un mayor consumo de
carne, productos lácteos, aceites comestibles, sal y azúcar. (FAO,
2004a). La adaptación dietética se refiere a los cambios alimenticios
experimentados por la población debido a las características de la vida
urbana, en cuanto al apremio del tiempo y el acelerado ritmo de vida.
Estos cambios de hábitos de consumo han generado una situación
paradójica en la cual coexisten problemas de desnutrición con problemas
de obesidad, relacionados a su vez con situaciones de pobreza.
Pero la intensificación de la agricultura ha generado por sí misma
problemas ambientales. En sistemas de cultivos intensivos el excesivo e
inapropiado uso de agroquímicos contamina las aguas, y afecta los
ecosistemas. Sistemas de ganadería intensiva también generan problemas
ambientales y de salud humana. En otras áreas la agricultura se ha
desarrollado de manera extensiva ampliando las tierras en cultivo
llevando a la degradación y pérdida de bosques, pastizales, suelos y
pantanos.
Ahora bien, lo anterior nos obliga a responder a la muy pertinente
pregunta que planteó la secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia
Bárcena, ¿quién va a producir los alimentos? A tratar de responderla
dedicaré otro artículo.
A la memoria de mi padre
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