José Ignacio Torreblanca / El País
Relato.
Es la palabra de moda entre los políticos. “No somos capaces de transmitir un
relato”, dicen unos. “Necesitamos un relato”, se lamentan otros.
A
primera vista, no se trataría más que de una manera redicha de volvernos a
colocar ese clásico de los gobernantes en horas bajas que constituye el tan
manido “es que no sabemos explicar lo que hacemos”. El cambio de uno a otro
suele ocurrir cuando el político, en lugar de indagar entre sus votantes las
razones del descontento y someter sus políticas y errores a debate, prefiere
acudir a un gabinete de comunicación política y disfrazar su falta de ideas
bajo una nueva y prometedora, pero en realidad vacía, estrategia de
comunicación.
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