FRANCISCO ROJAS / EL UNIVERSAL
Desde el inicio de su campaña, Enrique Peña Nieto delineó los ejes de su programa de gobierno. La transparencia, la rendición de cuentas, la lucha contra la corrupción y la justicia social serán elementos fundamentales para la construcción de una nación más democrática, equitativa, unificada y sólida.
En materia de transparencia y rendición de cuentas planteó tres
propuestas que incidirían en los tres poderes: un nuevo ente autónomo
para combatir la corrupción de forma eficaz e independiente, encabezado
por ciudadanos; extender la jurisdicción del IFAI y las obligaciones de
transparencia a estados y municipios y constituir un organismo ciudadano
con independencia que vigile la contratación de publicidad y
transparente las relaciones entre el Estado y los medios.
El otro gran eje que le da razón de ser a su programa de gobierno es la
justicia social, replanteando la política económica y la lucha contra
la pobreza "para que lo que ganes te alcance". En consecuencia, se
rediseñarían los programas sociales con el propósito de que estén bien
focalizados y mitiguen la pobreza, al tiempo de que alienten las
actividades productivas a nivel local para multiplicar los empleos
dignos en el sector formal de la economía, aumentar el consumo de la
población y fortalecer el mercado interno, lo que reiniciaría el ciclo
virtuoso demanda-inversión-empleo, junto con la implementación de otras
medidas de política económica.
Estas propuestas implicarían también emprender una reforma educativa
que eleve la calidad y aumente la cobertura, sobre todo en el nivel
medio superior y superior; y la seguridad social universal como derecho
constitucional y poner en marcha programas de vivienda y protección al
medio ambiente.
Realizar estas políticas requerirá cuantiosos recursos, por lo cual
será necesario impulsar una reforma hacendaria integral con justicia
tributaria, que permita también modernizar al sector energético para
contar con seguridad energética y abaratar insumos, sin renunciar a la
propiedad del petróleo ni a la rectoría del Estado.
Para impulsar la inversión, se autorizarían asociaciones
público-privadas en ciertas obras y servicios públicos. La masa de
recursos movilizados estimularía la inversión, el empleo y la demanda
interna y sería un incentivo adicional para lograr el crecimiento
económico ad hoc a la generación de empleos requerida.
Con estas políticas, el gobierno de Enrique Peña responderá a las
grandes demandas de la mayoría de la población e impulsará la inversión
de las empresas pequeñas y medianas que, apoyadas en un programa eficaz
de desarrollo tecnológico, podrán producir muchos de los insumos que
actualmente adquiere en el exterior la industria nacional.
Estamos en la puerta de consolidar lo ganado y caminar para que México
recobre el lugar que merece en el ámbito mundial. No podemos dejar que,
como hace seis años, cunda la incertidumbre ni permitir que se siembre
la semilla de la discordia; el futuro presidente ha señalado que la
búsqueda de acuerdos será la tónica de su actuación, para que juntos,
todos, alcancemos un país libre, sin violencia y sin grilletes que
impidan su avance. Los primeros pasos se han dado ya en ese sentido; las
alianzas propuestas serán constructivas y de largo plazo.
A las campañas negativas que pretenden dañar a las instituciones, Peña
responderá con un gobierno cuya legitimidad se fundará no sólo en los
millones de votos obtenidos, sino en la transparencia, rendición de
cuentas, lucha anticorrupción y la justicia social.
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