Alejandro Gómez Tamez / El Financiero
Durante la semana que concluye se “celebró” el Día del Trabajo y decimos que se “celebró” porque ahora en día a nivel mundial se vive una complicadísima situación en materia laboral. Y es que tan sólo en México al cuarto trimestre de 2011 había 2 millones 437 mil desempleados y 4 millones 293 mil subempleados. Estos datos implican que en nuestro país la Tasa de Desocupación alcanzó al 4.85% de la Población Económicamente Activa en dicho trimestre. Por su parte, en los Estados Unidos la tasa de desocupación alcanza al 8.2% de su población económicamente activa al mes de marzo de este año y en la Unión Europea el desempleo ya alcanzó el nivel más alto desde que se lanzó al euro y éste asciende a 10.9%.
Así, ante estos tiempos complicados el Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, profesor de la Universidad de Princeton, declaró que el permitir el desempleo masivo es “negligencia”.
Y en ese sentido acusó a los dirigentes del Banco de la Reserva
Federal de los Estados Unidos (Fed) por rechazar la posibilidad de
incrementar la inflación, misma que, en su opinión, disminuiría el
desempleo.
Y
es que esta es la nueva tendencia a nivel mundial, de la cual México no
es la excepción. Los bancos centrales ahora en día muestran
indiferencia ante el grave problema de desempleo y se preocupan más por
tener inflaciones “controladas” que por crear las condiciones que
permitan mayor crecimiento de la producción y del empleo. Y lo que
Krugman sugiere es que a nivel nacional es preferible tener una inflación un poco más elevada si esto se va a traducir en más empleos.
En
México llevamos muchos años sufriendo una política monetaria
astringente, la cual resta liquidez a la economía y por lo tanto, en
aras de tener una inflación de 3%, pues las posibilidades de crecimiento
económico se ven seriamente limitadas. Y es que es muy sencillo, si la
política monetaria se restringe las tasas de interés serán relativamente
más altas, lo cual frena la inversión y el crédito, lo que a su vez
frena la demanda agregada, el crecimiento económico y la creación de
nuevos empleos.
Por el contrario, si el banco central
inyectará una mayor liquidez al sistema monetario, entonces las tasas
de interés serían más bajas y habría más crédito e inversión, lo cual se
traduciría en más demanda agregada, más producción y más empleo. Claro
que esto provocaría un poco de más inflación (si es que la economía
estuviera trabajando a capacidad plena, cosa que en el caso mexicano no
creo que sea cierto), pero también es verdad que al haber un menor
desempleo los salarios reales tenderían a aumentar.
Que
quede claro que no estoy proponiendo un desorden monetario como el que
vivió México en la década de los 80´s que implique hiperinflaciones que
deterioran el poder adquisitivo de los trabajadores. Es simplemente una
cuestión de que ante una circunstancia en la que México tiene dos
millones y medio de desempleados y más de 4 millones de subempleados,
pues resulta preferible crecer al 5% con una inflación del 5%, en lugar
de crecer un 3% con una inflación del 3.5%. México tiene una emergencia
social y el Banco de México no lo quiere entender y por eso se mantiene
terco con una política monetaria inflexible.
Es cierto que en la actualidad la Constitución General de la República le mandata al Banco de México
únicamente preservar el poder adquisitivo de la moneda, y no hace
mención a otras funciones que debería tener como promover el crecimiento
económico y del empleo. Sin embargo, de acuerdo con el director para
América Latina de Moody's Analytics, Alfredo Coutiño,
el mandato monetario uniobjetivo del Banco de México ya cumplió su
función de reducir la inflación y mantenerla bajo control, y por lo
tanto ya es tiempo de que la política monetaria le dedique atención al crecimiento económico.
Así
pues, la próxima Legislatura en el Congreso de la Unión debería
emprender las reformas constitucionales pertinentes para que el Banco de
México contribuya al crecimiento económico y deje de velar
exclusivamente por el control de la inflación (y de pasadita por los
intereses del sistema bancario nacional al mantener elevadas las tasas
de interés).
Si
el Congreso no toma cartas en el asunto, la situación social del país
se continuará deteriorando independientemente de quien gane los comicios
el próximo 1 de julio, ya que con la mera política
fiscal no nos alcanza para hacer que México crezca a tasas más elevadas.
Y es que tampoco existe una política industrial que ayude a las
empresas a aumentar su producción y empleo.
¿Y
que hacer de aquí a que llega la próxima Legislatura que realice los
cambios constitucionales? Pues el Banco de México podría optar
unilateralmente por bajar su tasa de interés de referencia desde el
actual 4.5%, lo cual favorecería el crédito, pero también haría menos
atractivo a México para la recepción de capitales internacionales, lo
que a su vez depreciaría al peso frente a monedas como el dólar, cosa
que vendría muy bien a la planta productiva nacional.
Y es que para darle un respiro a la economía nacional es importante que el dólar se mantenga por encima de los $13 pesos
para de esa forma compensar los enormes diferenciales en costo país que
México representa. Con un tipo de cambio por encima de los $13 pesos
por dólar las empresas mexicanas mantienen cierta competitividad y se
evita la entrada masiva de productos de consumo a México, los cuales
deterioran la capacidad de generar empleos en el país.
Hay que recordar que en el último reporte publicado por el INEGI se manifiesta una preocupante desaceleración en el crecimiento de las exportaciones,
particularmente de las no petroleras, dirigidas a los Estados Unidos
(principal socio comercial de México). Y es que dichas exportaciones
crecieron en marzo de 2012 a un magro 1.5 por ciento, el porcentaje más
bajo desde octubre de 2009.
Es
por esta perdida de dinamismo que es fundamental mantener un tipo de
cambio competitivo a nivel mundial que permita a los productos mexicanos
penetrar mercados a pesar de la desaceleración económica global.
Finalmente, una reflexión importante consiste en analizar que
México es libre de determinar su política monetaria y su tipo de
cambio, mientras que otras naciones severamente emproblemadas no tienen
esta capacidad, tales como España y Grecía, las cuales al
formar parte de la Unión Monetaria Europea renunciaron a tener una
política monetaria independiente y dejaron de tener una moneda nacional
propia. ¿Qué darían estas monedas por tener estos instrumentos de
política monetaria que México tiene y no aprovecha? Sin duda que mucho.
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