Los jóvenes no solo son el futuro de EE UU; también
son el futuro de la base tributaria.
La reducción
de ayudas ha disparado las matrículas de las universidades públicas
Los ingresos
han caído en picado entre los licenciados que trabajan a tiempo completo
Paul Krugman / El País
Estudiantes
de EE UU participan en una feria de empleo organizada por Apple / Andrew Burton (Reuters)
En España,
la tasa de paro entre los trabajadores menores de 25 años supera el 50%. En
Irlanda, casi un tercio de los jóvenes está en paro. Aquí, en Estados Unidos,
el desempleo juvenil es solo del 16,5%, lo que sigue siendo terrible (aunque
podría ser peor).
Y como era
de esperar, muchos políticos están haciendo todo lo que pueden por asegurarse
de que, de hecho, las cosas empeoren. Hemos oído hablar mucho sobre la guerra
contra las mujeres, la cual es bastante real. Pero también hay una guerra
contra los jóvenes, la cual es igual de real aunque se disimule mejor. Y está
haciendo un daño inmenso, no solo a los jóvenes, sino también al futuro del
país.
Empecemos
por los consejos que les daba Mitt Romney a los estudiantes universitarios
durante una comparecencia pública la semana pasada. Tras denunciar la “actitud
divisiva” del presidente Obama, el candidato republicano le decía a su público:
“Proponeos algo, id a por ello, corred un riesgo, formaos, pedid dinero
prestado a vuestros padres si tenéis que hacerlo, montad una empresa”.
Lo primero
que a uno le llama la atención es, por supuesto, el toque Romney: la
característica falta de empatía con aquellos que no han nacido en familias
acomodadas, que no pueden depender el Banco de Mamá y Papá para financiar sus
ambiciones. Pero el resto del comentario es igual de nefasto a su manera.
Me refiero a
¿“formaos”? ¿Y cómo van a pagarlo? Las matrículas de las universidades públicas
se han disparado, en parte por las considerables reducciones de las ayudas
estatales. Romney no está proponiendo nada que pueda solucionar eso; sin
embargo, es un defensor acérrimo del plan presupuestario de Ryan, que
recortaría drásticamente las ayudas federales a los estudiantes, lo que haría
que alrededor de un millón de ellos perdiesen sus becas Pell.
Entonces
¿cómo, exactamente, se supone que van a conseguir “formarse” los jóvenes
procedentes de familias sin dinero? Allá por marzo, Romney tenía la respuesta:
encontrando una universidad “que tenga un precio un poco más bajo y donde se
pueda obtener una buena formación”. Buena suerte con ello. Pero supongo que es
divisivo señalar que las recomendaciones de Romney son inútiles para los
estadounidenses que no nacieron con las mismas ventajas que él.
Sin embargo,
hay un problema mayor: aun cuando los estudiantes se las arreglen, de alguna
manera, para “formarse”, cosa que a menudo hacen endeudándose hasta las cejas,
se licenciarán para entrar en una economía que no parece quererles.
Probablemente
hayan oído hablar mucho de que a los trabajadores con titulaciones
universitarias les está yendo mejor en esta recesión que a aquellos que solo
han terminado la enseñanza secundaria, lo cual es cierto. Pero la historia es
mucho menos esperanzadora si uno se fija no en los estadounidenses de mediana
edad con titulación, sino en los licenciados recientes. El paro entre estos se
ha disparado; también lo ha hecho el trabajo a tiempo parcial, supuestamente un
reflejo de la incapacidad de los licenciados para encontrar trabajos a jornada
completa. Y, quizás lo más revelador, los ingresos han caído en picado incluso
entre los licenciados que trabajan a tiempo completo, lo cual es un indicio de
que muchos se han visto obligados a aceptar trabajos en los que no hacen ningún
uso de su formación.
Por tanto,
los licenciados universitarios están sufriendo las consecuencias de la
debilidad de la economía. Y las investigaciones nos dicen que las repercusiones
no son pasajeras: los estudiantes que se licencian en una economía en mala
situación nunca recuperan el terreno perdido. En vez de eso, sus ingresos se
reducen de por vida.
Por
consiguiente, lo que más necesitan los jóvenes es un mercado laboral mejor. Las
personas como Romney afirman que tienen la receta para la creación de empleo:
bajarles los impuestos a las sociedades anónimas y a los ricos, y recortar
drásticamente el gasto destinado a los servicios públicos y los pobres. Pero
ahora tenemos una gran cantidad de pruebas sobre cómo funcionan realmente estas
políticas en una economía deprimida, y está claro que destruyen empleo en vez
de crearlo.
Porque
cuando uno observa la devastación económica en Europa, debe tener en cuenta que
algunos de los países que están experimentando los peores estragos han estado
haciendo todo lo que los conservadores estadounidenses dicen que deberíamos
hacer en Estados Unidos. Hace no mucho tiempo, los conservadores se deshacían
en elogios con las políticas económicas de Irlanda, especialmente con los bajos
impuestos de sociedades; la Fundación Heritage le daba una puntuación en
“libertad económica” más alta que la de cualquier otro país occidental. Cuando
las cosas se torcieron, Irlanda volvió a recibir una infinidad de elogios, esta
vez por sus radicales recortes del gasto, que se suponía que inspirarían
confianza y conducirían a una recuperación rápida. Y ahora, como he dicho, casi
un tercio de los jóvenes de Irlanda no es capaz de encontrar trabajo.
¿Qué
deberíamos hacer para ayudar a los jóvenes estadounidenses? Básicamente, lo
contrario de lo que quieren Romney y sus amigos. Deberíamos estar ampliando las
ayudas al estudio, no reduciéndolas. Y deberíamos dar marcha atrás en las
políticas de austeridad que, a efectos prácticos, están constriñendo la
economía estadounidense (los recortes estatales y locales sin precedentes que
han estado castigando con especial dureza a la enseñanza).
Sí, ese
cambio político radical costaría dinero. Pero negarse a gastar ese dinero es
insensato y corto de miras incluso desde un punto de vista puramente fiscal.
Recuerden: los jóvenes no solo son el futuro de Estados Unidos; también son el
futuro de la base tributaria.
Es terrible
desaprovechar una mente; pero desaprovechar las mentes de toda una generación
lo es todavía más. Dejemos de hacerlo.
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