jueves, 28 de julio de 2011

MALA ECONOMÍA ¿ALGUIEN ES RESPONSABLE?

Ciro Murayama / El Universal
El bienestar de los mexicanos empeora desde 2006. La Encuesta Nacional de Ingreso Gasto de los Hogares (ENIGH) correspondiente a 2010, publicada el 15 de julio pasado, revela que el ingreso de los hogares se redujo 6.8% en términos reales entre 2008 y 2010. La encuesta previa, levantada en 2008, señaló también una tendencia negativa, pues el ingreso real de las familias había disminuido 1.6% entre 2006 y 2008. Así, el ingreso y el poder de compra de las familias vienen reduciéndose a cada medición.
Si se deteriora la capacidad de adquirir bienes y servicios básicos como alimentos, vestido, educación y transporte para la amplia mayoría de la población captada en la encuesta —los “ricos ricos” no suelen abrir la puerta al encuestador de INEGI para dar cuenta de sus flujos de ingreso ni de sus compras—, resulta más que evidente el extravío analítico de quienes festinaban una expansión veloz de la clase media. La “creencia” de que mejora la calidad de vida de los mexicanos se desmorona cada que se confronta con la evidencia objetiva de las cifras, en este caso oficiales, que muestran un mar profundo de desigualdad y pobreza como la principal característica de nuestra sociedad.
A estas alturas, sólo una dogmática insensibilidad puede dar lugar a diagnósticos complacientes con la realidad económica y social de México. Uno de los aciertos de la difusión de la ENIGH 2010 es que ha servido, aunque no sabemos por cuánto tiempo, para que en buena parte de la prensa escrita se reconozca que las cosas marchan mal para el sustento las familias mexicanas.
Importa, ahora, cuestionarse acerca de qué explica estos malos resultados. Una opción muy a mano, sobre todo porque transfiere la responsabilidad a otros, consiste en recurrir al factor externo y atribuir todo a la crisis que “vino de fuera”. Sin embargo, esa misma crisis afectó y se enfrentó de forma distinta en el mundo en desarrollo. Baste decir que de acuerdo con datos del Banco Mundial, en 2007 América Latina crecía en promedio 5.7%, y México iba rezagado al 3.2%; con la crisis en 2009 el PIB de Latinoamérica se contrajo 1.7% pero en México el traspié alcanzó una pérdida de 6.1 puntos del PIB; la recuperación de 2010 para el resto de la región fue de 6.1% y más lenta en nuestro país, de 5.5%. En suma, la crisis internacional no alcanza a explicar por qué la economía mexicana crece menos que sus pares y por qué el bienestar de la población continúa en declive.
Una respuesta menos confortable tiene que ver con revisar el tipo y la calidad de la política económica instrumentada.
Destaca, en primer lugar, la poca pericia de las autoridades económicas para diagnosticar con cierta precisión la marcha de la economía nacional y mundial. Desde 2007 el documento titulado “Criterios generales de política económica”, que presenta año con año la Secretaría de Hacienda, contenía una sobreestimación del crecimiento, pero ello se ahondó en 2008 (Hacienda previó un aumento del PIB de más del doble del alcanzado: 3.5% vs 1.5% real) y llegó a su extremo en 2009: en plena crisis el gobierno estimó un aumento de la actividad de 3% que finalmente se concretó en un descalabro de -6.1% del PIB.
La mala calidad de los diagnósticos se traduce en políticas erróneas. En los “Criterios generales de política económica” a lo largo del sexenio se encuentran ejemplos de cómo, en los hechos, no ha existido una estrategia para favorecer el crecimiento.
Para 2007, en el documento de criterios se expresa que la política de gasto “incluirá un importante programa de austeridad” (p.175), lo que contribuyó a que nuestro crecimiento fuera menor que el del resto de AL.
Para 2009, las autoridades previeron un aumento de la demanda del sector público de 4.6%, representando una contracción frente al 7.5% del ejercicio anterior (p. 53); es decir, con la crisis a cuestas en México se optaba por una política procíclica, lo contrario a lo hecho por los países latinoamericanos que cerraron la década con buenos resultados.
Para 2010, Hacienda perfiló en su documento una reducción del gasto programable como porcentaje del PIB frente a 2009 (p. 100), lo que de nuevo muestra una política contractiva y no en pos del crecimiento.
Otra causa tiene que ver con la política cambiaria, cuyo manejo corresponde al Banco de México. Si en las primeras semanas del sexenio el dólar rondaba los once pesos, para fines de 2010 el dólar no alcanzaba los 13 pesos, lo que indica que, en un escenario generalizado de devaluaciones competitivas propiciadas por la crisis, el peso mexicano se mantuvo sobrevaluado afectando a los productores nacionales.
Las causas del mal desempeño de la economía mexicana son múltiples, pero las autoridades económicas tienen una responsabilidad mayor ineludible. Los malos datos de la ENIGH son elocuente reflejo de la política económica seguida.
Investigador de la Facultad de Economía, UNAM











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