martes, 8 de febrero de 2011

RELANZAR AL PAÍS

Francisco Rojas / El Universal
Desde el primer día de su gestión, el gobierno puso sobre la mesa el tema de la guerra contra el narcotráfico e ignoró todo lo demás. Esta concepción monotemática de la tarea de gobernar ha dejado a muchas áreas estratégicas a merced de la rutina y las ocurrencias y ha provocado problemas descomunales.
En el PRI estamos convencidos de que el país no debe ser entregado como botín de guerra al crimen organizado, pero precisamente por eso no podemos convalidar una estrategia que no partió de un diagnóstico serio y completo del problema ni se basó en información de inteligencia criminológica.
Es cierto que la delincuencia organizada se enfrenta con la fuerza pública, pero eso no basta; es preciso desactivar el clima social que hace posible su permanencia y propicia la mimetización de los delincuentes con las comunidades pacíficas.
Si algo puede debilitar al crimen organizado es que la economía y la escuela ofrezcan un lugar para los jóvenes que, excluidos del desarrollo económico, social y humano, son víctimas fáciles del reclutamiento de los criminales. Es igualmente estratégico un tema que no se ha abordado correctamente: la clausura de las vías por las que fluye el dinero sucio para integrarse a las corrientes financieras legales.
El crimen organizado es un problema muy grave, pero no el único que debe encarar el Estado. Por eso los priístas vamos a integrar otros temas de gran importancia a la agenda nacional. No hacerlo ha dejado aspectos críticos —como la educación, el crecimiento económico, la política social, la política energética y la regulación de las comunicaciones— a merced de la improvisación e inercia, cuando no de corrupción.
Lo que al principio pareció un desacierto: lanzar al país a una guerra sin la preparación adecuada ni medios suficientes, pero cuatro años después, el mantenerse obstinadamente en esa línea de combate, sin hacer caso de otros puntos de vista o sugerencias, se acerca más a una estrategia electoral que a un firme convencimiento de que se es dueño de la verdad.
Parecería que creen que puede ser redituable revivir la bandera de “el peligro para México”, sólo que esta vez sería un partido político la amenaza, argumentando que no garantizaría la continuación de la guerra contra el narcotráfico, como supuestamente lo haría el PAN. No es coincidencia que en las elecciones de Jalisco, Colima, Quintana Roo y Guerrero se haya recurrido a filtraciones y acusaciones no probadas de que los candidatos priístas estaban involucrados con el crimen organizado.
Cuidado, el país no vive la misma situación que en 2006. La polarización política asociada con los desaciertos en la conducción del gobierno y a fenómenos adversos que escapan a nuestro control como país han deteriorado el clima social y aumentado la irritación colectiva. Estamos perdiendo la fe en nosotros mismos; se está desgastando la solidaridad que nos fortaleció en las horas más difíciles de nuestra historia; se está debilitando la cohesión social y languideciendo el espíritu de lucha colectiva.
Para que la sociedad no caiga en el desánimo como manera de ser y vivir, los priístas pondremos un alto a las decisiones del poder que han sembrado insatisfacción, temor y desconfianza entre nosotros mismos. Es tiempo de recuperar los valores que definen nuestra identidad nacional y hacen posible la convivencia civilizada. Esta generación no debe legar a nuestros hijos una cultura del miedo, el individualismo a ultranza, la desconfianza en los demás y la falta de expectativas reales de futuro.
Llegó la hora de repensarlo todo y poner las cosas en su lugar. El Estado debe retomar sus funciones rectora y promotora. Una de las grandes claves es devolver a los jóvenes su porvenir, probarles que la sociedad, sus leyes e instituciones tienen un espacio para ellos en la economía formal y la educación media y superior. Convencerlos, con hechos, de que su país no los rechaza ni los empuja a emigrar a un mundo de humillaciones pero con empleo, de que México no los condena a vivir en la informalidad y menos aún a que sigan siendo enrolados por el crimen organizado.
Si el gobierno y su partido no quieren o no pueden devolver la certidumbre a México, nosotros haremos nuestra parte desde el Congreso. Si no quieren o no pueden ver la realidad social, económica, política y moral del país, nosotros restauraremos la cohesión social y daremos respuestas eficaces a las exigencias de la gente.

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