Francisco Suárez Dávila / El universal
“La cuestión vital de México ha sido desde su independencia, la hacendaria… Ello constituye un mal crónico que a muchos ha parecido incurable”:Matías Romero, ministro de Hacienda, 1870.
Nuevamente se empieza a agitar el avispero de la reforma fiscal para el 2011. Los senadores Beltrones y Labastida han planteado propuestas interesantes que ameritan una seria discusión. Sin duda, la reforma fiscal es la más trascendente de todas: es “la reforma madre”. Finalmente es la que da sustento a las demás: particularmente la energética y la de seguridad social. No hay país, ni Estado moderno y próspero, sin hacienda pública fuerte.
Los recientes “parches recaudatorios”: IETU, IDE, IVA al 16% y el precio del petróleo, permiten sobrellevar la situación fiscal hasta el 2012, “sin hacer olas”. Desde luego sería histórico que una legislatura se sacrificara a favor del nuevo gobierno. Pero hay que hacerla bien, o no hacerla. La reforma hacendaria debe ser integral: ingreso, gasto, tres niveles de gobierno; secuencial, su magnitud requiere hacerse por etapas, aumentar la base de causantes, incluida la informalidad; presentarla, no con sólo finalidad recaudatoria, sino vinculándola a un fin trascendente, capaz de movilizar el apoyo de la sociedad, como financiar la seguridad social universal, un seguro de desempleo, más infraestructura. Varios cálculos coinciden en que necesitamos recursos adicionales del orden de 10% del PIB.
Pero la sociedad exige que se cumplan condiciones previas, que el gobierno reduzca radicalmente su gasto corriente dispendioso, simplificar el pago de impuestos, reducir la evasión y el gasto fiscal, que son los subsidios fiscales que se dan a diferentes grupos, incluyendo la tasa “0” en alimentos, apoyos a transportistas, agricultores de alto ingreso y grupos industriales que consolidan.
Finalmente, lo más difícil es definir un menú balanceado con suficientes calorías fiscales: nos estamos haciendo tontos si pensamos que una reforma puede darse sin aumentar el IVA, la gran y más eficaz máquina recaudatoria, que afecta a la economía formal e informal. No se ha entendido que es el que permite tener más recursos para mayor gasto social, que quita más a los más ricos, para dar más a los más pobres. A mi juicio, se requiere un IVA parejo del orden de 16%, con una canasta de productos básicos exenta o tasa “0”. Chile, bajo un gobierno socialista, con un sistema fiscal moderno y una política social muy agresiva, lo tiene en 18%. Algunos países industriales con la crisis lo han subido a 19 y 20%.
También debe actuarse necesariamente en el impuesto “olvidado”, el de la Renta sobre Personas Físicas, muy recaudatorio y redistributivo. Es donde México y toda América Latina captan menos recursos, como el continente más desigual. Se requiere una nueva tarifa progresiva, elevando la tasa máxima a 35% para ingresos millonarios y reduciendo para las clases medias. Ahora se le aplica la misma tasa al multimillonario que a su secretaria. Su eficacia requiere gravar ganancias de capital. En España, el gobierno de la transición para elevar sus ingresos, estableció un impuesto patrimonial de tasa muy baja, de control, acreditable contra el ISR.
El impuesto sobre empresas debe recaudar, pero lo principal es contribuir a la competitividad y la inversión. Debe integrarse el IETU al ISR con las mejores cualidades de cada uno y reducir la tasa unificada.
Otro impuesto que tiene ahora un ambiente favorable es el de transacciones financieras que en América del Sur dio gran recaudación. Es más válido que las leoninas comisiones cobradas por la banca que elevan las ganancias de la banca cuantiosamente sin beneficio social.
Se requiere revisar el complejo y ya obsoleto pacto fiscal con Estados sobreendeudados. Pero la asignatura más evidente es aumentar la recaudación del predial, de las más bajas del mundo (y de cobro muy desigual), lo cual requiere fortalecer el registro público de la propiedad y los catastros, acciones también necesarias en la lucha contra el lavado de dinero.
La propuesta de los senadores del PRI tiene varios puntos en la dirección correcta. Eleva la tasa máxima y la progresividad del ISR personas físicas, bajándolo para empresas, eliminando el IETU. Al unificar el IVA rompería el gran tabú pernicioso de la tasa “0” irrestricta en alimentos y medicinas. Pero bajar el IVA a 12% significa perder recaudación. Se ve muy compleja la operación del propuesto sistema de devolución del IVA de control de 3%. ¿Para qué el esfuerzo de negociar ahora algo que se aplicará en dos años, cuando las circunstancias pueden cambiar? No está planteado ligarlo a un gran objetivo como la seguridad social. No parecen darse ya condiciones políticas favorables. Sí aporta una valiosa base para un trabajo que puede mejorase y ampliarse en el futuro. También está claro que el nuevo gobierno, su sustentabilidad y la recuperación del crecimiento requerirán una reforma fiscal desde sus inicios.
Ex subsecretario de Hacienda
“La cuestión vital de México ha sido desde su independencia, la hacendaria… Ello constituye un mal crónico que a muchos ha parecido incurable”:Matías Romero, ministro de Hacienda, 1870.
Nuevamente se empieza a agitar el avispero de la reforma fiscal para el 2011. Los senadores Beltrones y Labastida han planteado propuestas interesantes que ameritan una seria discusión. Sin duda, la reforma fiscal es la más trascendente de todas: es “la reforma madre”. Finalmente es la que da sustento a las demás: particularmente la energética y la de seguridad social. No hay país, ni Estado moderno y próspero, sin hacienda pública fuerte.
Los recientes “parches recaudatorios”: IETU, IDE, IVA al 16% y el precio del petróleo, permiten sobrellevar la situación fiscal hasta el 2012, “sin hacer olas”. Desde luego sería histórico que una legislatura se sacrificara a favor del nuevo gobierno. Pero hay que hacerla bien, o no hacerla. La reforma hacendaria debe ser integral: ingreso, gasto, tres niveles de gobierno; secuencial, su magnitud requiere hacerse por etapas, aumentar la base de causantes, incluida la informalidad; presentarla, no con sólo finalidad recaudatoria, sino vinculándola a un fin trascendente, capaz de movilizar el apoyo de la sociedad, como financiar la seguridad social universal, un seguro de desempleo, más infraestructura. Varios cálculos coinciden en que necesitamos recursos adicionales del orden de 10% del PIB.
Pero la sociedad exige que se cumplan condiciones previas, que el gobierno reduzca radicalmente su gasto corriente dispendioso, simplificar el pago de impuestos, reducir la evasión y el gasto fiscal, que son los subsidios fiscales que se dan a diferentes grupos, incluyendo la tasa “0” en alimentos, apoyos a transportistas, agricultores de alto ingreso y grupos industriales que consolidan.
Finalmente, lo más difícil es definir un menú balanceado con suficientes calorías fiscales: nos estamos haciendo tontos si pensamos que una reforma puede darse sin aumentar el IVA, la gran y más eficaz máquina recaudatoria, que afecta a la economía formal e informal. No se ha entendido que es el que permite tener más recursos para mayor gasto social, que quita más a los más ricos, para dar más a los más pobres. A mi juicio, se requiere un IVA parejo del orden de 16%, con una canasta de productos básicos exenta o tasa “0”. Chile, bajo un gobierno socialista, con un sistema fiscal moderno y una política social muy agresiva, lo tiene en 18%. Algunos países industriales con la crisis lo han subido a 19 y 20%.
También debe actuarse necesariamente en el impuesto “olvidado”, el de la Renta sobre Personas Físicas, muy recaudatorio y redistributivo. Es donde México y toda América Latina captan menos recursos, como el continente más desigual. Se requiere una nueva tarifa progresiva, elevando la tasa máxima a 35% para ingresos millonarios y reduciendo para las clases medias. Ahora se le aplica la misma tasa al multimillonario que a su secretaria. Su eficacia requiere gravar ganancias de capital. En España, el gobierno de la transición para elevar sus ingresos, estableció un impuesto patrimonial de tasa muy baja, de control, acreditable contra el ISR.
El impuesto sobre empresas debe recaudar, pero lo principal es contribuir a la competitividad y la inversión. Debe integrarse el IETU al ISR con las mejores cualidades de cada uno y reducir la tasa unificada.
Otro impuesto que tiene ahora un ambiente favorable es el de transacciones financieras que en América del Sur dio gran recaudación. Es más válido que las leoninas comisiones cobradas por la banca que elevan las ganancias de la banca cuantiosamente sin beneficio social.
Se requiere revisar el complejo y ya obsoleto pacto fiscal con Estados sobreendeudados. Pero la asignatura más evidente es aumentar la recaudación del predial, de las más bajas del mundo (y de cobro muy desigual), lo cual requiere fortalecer el registro público de la propiedad y los catastros, acciones también necesarias en la lucha contra el lavado de dinero.
La propuesta de los senadores del PRI tiene varios puntos en la dirección correcta. Eleva la tasa máxima y la progresividad del ISR personas físicas, bajándolo para empresas, eliminando el IETU. Al unificar el IVA rompería el gran tabú pernicioso de la tasa “0” irrestricta en alimentos y medicinas. Pero bajar el IVA a 12% significa perder recaudación. Se ve muy compleja la operación del propuesto sistema de devolución del IVA de control de 3%. ¿Para qué el esfuerzo de negociar ahora algo que se aplicará en dos años, cuando las circunstancias pueden cambiar? No está planteado ligarlo a un gran objetivo como la seguridad social. No parecen darse ya condiciones políticas favorables. Sí aporta una valiosa base para un trabajo que puede mejorase y ampliarse en el futuro. También está claro que el nuevo gobierno, su sustentabilidad y la recuperación del crecimiento requerirán una reforma fiscal desde sus inicios.
Ex subsecretario de Hacienda
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