Lic. Jesús Alberto Cano Vélez (*)/Excelsior
Hace casi dos semanas el presidente norteamericano, Barack Obama, presentó su informe anual --algo que deberíamos recuperar en México--. A finales de febrero se presentó al salón de plenos del Congreso, para dirigirse a una sesión conjunta del Senado y de la Cámara Baja de ese país.
Las reacciones a sus planteamientos evidenciaron, una vez más, la inmensa y profunda “barranca” que divide a los extremos ideológicos de las principales fuerzas políticas de ese país, circunstancia que les impide tomar decisiones, a diferencia de lo que había sido la práctica en la política pragmática de nuestro vecino del Norte
Analistas respetados allá se han preocupado por lo caro que esa incomunicación le está costando a los EE UU, ya que les impide acuerdos en casi todos los temas de relevancia, incluyendo los que son prioritarios para las fuerzas políticas que ejercen el poder.
Nos hizo pensar en los similares extremismos que están ocurriendo en México, en donde ha surgido un diálogo de sordos con el equipo del Ejecutivo, porque escribimos y opinamos, mas nadie escucha, ni responde o hace el más mínimo esfuerzo por acercar posiciones.
Hace casi dos semanas el presidente norteamericano, Barack Obama, presentó su informe anual --algo que deberíamos recuperar en México--. A finales de febrero se presentó al salón de plenos del Congreso, para dirigirse a una sesión conjunta del Senado y de la Cámara Baja de ese país.
Las reacciones a sus planteamientos evidenciaron, una vez más, la inmensa y profunda “barranca” que divide a los extremos ideológicos de las principales fuerzas políticas de ese país, circunstancia que les impide tomar decisiones, a diferencia de lo que había sido la práctica en la política pragmática de nuestro vecino del Norte
Analistas respetados allá se han preocupado por lo caro que esa incomunicación le está costando a los EE UU, ya que les impide acuerdos en casi todos los temas de relevancia, incluyendo los que son prioritarios para las fuerzas políticas que ejercen el poder.
Nos hizo pensar en los similares extremismos que están ocurriendo en México, en donde ha surgido un diálogo de sordos con el equipo del Ejecutivo, porque escribimos y opinamos, mas nadie escucha, ni responde o hace el más mínimo esfuerzo por acercar posiciones.
Junto con un grupo de colegas del Colegio Nacional de Economistas, muy respetable y conocedor en nuestra materia, hemos opinado sobre las políticas económicas de la SHCP –con comentarios críticos pero respetuosos y constructivos--. Buscamos llegarle al consciente de la gente que el gobierno federal ha puesto a cargo del manejo presupuestal y financiero de nuestro país, pero en general nos hemos topado con un muro de silencio, con un autismo económico. Ni nos ven ni nos oyen.
El problema es que manejan un doble-estándar: “haz lo que te recomiende y no lo que me veas hacer”. Porque es claro que la política del Presidente Barak Obama es totalmente diferente, pero parece que de allá nos susurran: “consenso de Washington” mientras que practican estrategias Keynesianas.
Necesitamos enfocar de manera diferente la política financiera y la de finanzas públicas; y los funcionarios gubernamentales harían bien en abrir sus mentes.
Nosotros insistimos en una política más congruente con la necesidad de generar desarrollo y empleos en México. Puede ser con una política gubernamental macroeconómica más efectiva o con el uso de instrumentos financieros de mayor precisión, como el de una Banca de Desarrollo que tiene un papel fundamental a desempeñar en el futuro. Pero para eso hay que reconstruirla, ya que en el pasado fue debilitada o eliminada.
(*) Presidente de el Colegio Nacional de Economistas
El problema es que manejan un doble-estándar: “haz lo que te recomiende y no lo que me veas hacer”. Porque es claro que la política del Presidente Barak Obama es totalmente diferente, pero parece que de allá nos susurran: “consenso de Washington” mientras que practican estrategias Keynesianas.
Necesitamos enfocar de manera diferente la política financiera y la de finanzas públicas; y los funcionarios gubernamentales harían bien en abrir sus mentes.
Nosotros insistimos en una política más congruente con la necesidad de generar desarrollo y empleos en México. Puede ser con una política gubernamental macroeconómica más efectiva o con el uso de instrumentos financieros de mayor precisión, como el de una Banca de Desarrollo que tiene un papel fundamental a desempeñar en el futuro. Pero para eso hay que reconstruirla, ya que en el pasado fue debilitada o eliminada.
(*) Presidente de el Colegio Nacional de Economistas
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