Enrique Quintana - El Financiero
Arrancaba el mes de marzo, hace ya 134 días. En China se vivía el punto álgido de la crisis de la pandemia. El número de contagiados era de casi de 80 mil y el confinamiento era ya el mayor de la historia de la humanidad.
Se pensaba que se trataba de un fenómeno que, aunque no se pudiera limitar geográficamente en virtud de los sistemas de transporte que tenemos, no llegaría a tener en otros puntos del globo la gravedad que tuvo en China. Era una creencia que no solo prevalecía entre las autoridades mexicanas sino que era compartida por muchos gobiernos.
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