- La exmandataria afirma que una victoria electoral del expresidente devolvería la estabilidad a Brasil
A Dilma Rousseff (Belo Horizonte, 1947) no le gusta tomar el camino fácil. O, como ella misma lo explica a su paso por Madrid, donde ofreció este martes una conferencia sobre la crisis política brasileña en Casa de América, le gustan “las salidas poco cómodas”. Con esas palabras explica por qué no renunció a la presidencia de Brasil cuando, en 2016, se inició el juicio político (impeachment) que la apartó del poder. Y es la misma expresión que utiliza para explicar por qué el Partido de los Trabajadores (PT) mantiene a Luiz Inácio Lula da Silva como su candidato para las presidenciales de octubre (donde parte como favorito en las encuestas), pese a su entrada en prisión el pasado domingo tras haber sido condenado a 12 años por corrupción. Para la exmandataria, la sentencia contra Lula es “la tercera fase del golpe parlamentario y mediático” que, según Rousseff, tuvo su “acto inaugural” con su destitución, continuó con la implantación de un Gobierno “que no tenía respaldo en las urnas” y hoy “corroe la democracia” brasileña.
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