León Bendesky / La Jornada
Las monedas luchan
entre sí en los mercados internacionales. Puede parecer exagerado decir
que la guerra es tanto una confrontación entre distintas economías, como
una entre distintos ejércitos. Pero no lo es. En la historia reciente
hay dos periodos que ilustran esta condición. El primero fue a partir de
1914 cuando la I Guerra Mundial minó la efectividad del patrón oro que
se hundió en 1933, al cancelar el presidente Roosevelt los pagos en oro
de los bancos y su exportación. El segundo ocurrió en 1971, cuando el
presidente Nixon canceló el patrón dólar-oro y, así, la convertibilidad
de esa moneda en el metal tal y como se instauró al final de la II
Guerra Mundial. El sistema que consolidó formalmente la hegemonía del
dólar como dinero mundial terminó. Hoy, el sistema monetario no se basa
en la relación con un metal, lo que era una forma de superstición y se
ha sustituido por la confianza o la seguridad intermitente en una
moneda, que es otra quimera.
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