jueves, 13 de septiembre de 2012

LADEMOCRACIA ALETARGADA

La autonomía de la economía reduce el campo de la seguridad colectiva y prevalece la incertidumbre. Si no existe la capacidad de intervención efectiva por parte de una autoridad política electa, no hay democracia

Ha sido un economista, Joseph Stiglitz, el que ha tenido la virtud de resumir mejor el estado de ánimo de una parte cada más significativa de la población, alarmada por la marcha de las cosas. Lo ha hecho con el lenguaje de la economía, pero su contenido puede ser perfectamente asimilado por el mundo de la política y del resto de las ciencias sociales: 1) los mercados no funcionan, porque no son eficientes ni transparentes; 2) el sistema político no corrige los fallos del mercado, del que el más importante es el gigantesco volumen del desempleo. La gente confiaba en ese sistema, tenía fe en que iba a exigir responsabilidades a quienes habían provocado la crisis, a corregir rápidamente los abusos y a proteger a los más desfavorecidos; 3) como consecuencia de lo anterior se ha multiplicado la desconfianza en la economía de mercado y en los mecanismos tradicionales de la democracia y ambos, economía de mercado y democracia, tal como están, no favorecen los esfuerzos equitativos.

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