miércoles, 14 de julio de 2021

EL PRESIDENTE QUE QUERÍA SER EXPRESIDENTE

  • Ebrard ha asumido que si en el imaginario del obradorismo se instalaba Sheinbaum como candidata la batalla estaría perdida

Jorge Zepeda Patterson - El País

López Obrador, durante un acto en preparación para los Juegos Olímpicos de Tokio.EDGARD GARRIDO / REUTERS

No hay ningún misterio en el destape explícito por parte del canciller mexicano Marcelo Ebrard, aspirante a la presidencia en las elecciones del verano 2024, pese a los tres años casi exactos que nos separan de esa jornada. Tras las reiteradas alusiones del presidente Andrés Manuel López Obrador a lo largo de las últimas semanas sobre posibles sucesores, no le quedaba de otra al responsable de Relaciones Exteriores. Las filas del obradorismo habían interpretado gestos, cábalas y señales y concluyeron que Claudia Sheinbaum, jefa de Gobierno de la Ciudad de México, sería en su momento la preferida del soberano, y actuaron en consecuencia. En los últimos días, las apariciones en público de Sheinbaum eran festejadas a gritos de “presidenta, presidenta”. Ebrard asumió, con razón, que si eso se instalaba unilateralmente en el imaginario del obradorismo, la batalla estaría perdida antes de empezar y el resto del sexenio sería un desfile en alfombra roja para la alcaldesa. Con su destape oficial, asumido con la venia presidencial, intenta pasar el mensaje de que el asunto todavía no está decidido. Convincente o no, muchos de los actores políticos se la pensarán dos veces antes de quemar naves y endosar cheques en blanco.

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