Como siempre, la realidad es un mar de ambigüedad, repleta de tonos de gris, contradictoria. De ese mar los actores políticos capturan ingredientes propicios a la creación de la narrativa más apegada a su conveniencia. No es que toda narrativa esté hecha de falsedad, no, es siempre parcial, incompleta, y es así para poder hacer que juegue una función. El presidente López Obrador ha montado un festejo y el Minotauro del norte –como el de Creta se alimenta de carne humana y cada vez se vuelve más despiadado y brutal– ha montado el suyo propio. Nuestro monero Hernández ha retratado este domingo, con certeza, a ambos presidentes cacareando el mismo huevo. Se trata del mismo huevo, pero cada uno lo ve distinto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario