- El problema de marcar una hoja de ruta hacia el pasado es que cuando el futuro llega, no hay plan
El año 2016 estuvo marcado por el regreso del dictum nietzscheano: “No hay hechos, solo interpretaciones”. Y así, vimos convertir el juego político en la habilidad para encapsular, en eslóganes efectistas, los estados de ánimo de la sociedad. “Make America Great Again” y “Take Back Control” fueron los lemas de dos insurrecciones electorales, la de Trump y la del Brexit, que supieron recoger esa acústica emocional. Lo que importó no fue su veracidad sino su impacto.
¿Cuál es el significado visceral al que dieron resonancia? Ambos son emblemas regresivos y consoladores en busca de algo perdido; promesas del pasado ante los atemorizadores cambios contemporáneos. Sin embargo, a pesar del esfuerzo por recrear la realidad, esta siempre se impone. Y así, en el camino hacia el refugio identitario, Reino Unido se topó con un periodo transicional que la obliga a mantener temporalmente su estatus con la Unión Europea, pero sin voto en Bruselas.
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