Donald Trump lleva más de un año y medio construyendo una narrativa contradictoria sobre Claudia Sheinbaum y México. Por un lado, ha elogiado a la presidenta mexicana con una frecuencia poco común para un mandatario estadounidense. La ha llamado una mujer inteligente, valiente, respetable, buena negociadora y hasta destacó su voz, su carácter y su liderazgo. Por el otro, ha convertido a México en uno de los principales objetivos de su discurso de seguridad nacional, al grado de describir al país como una nación controlada por los cárteles, con un gobierno incapaz de recuperar el control de su territorio.
La declaración de esta semana en el G7, en Francia, resume esa dualidad. Trump aseguró que Sheinbaum es “una muy buena mujer”, pero inmediatamente después afirmó que es “una mujer muy asustada” y que los cárteles “controlan totalmente México”. Es la culminación de una línea discursiva que ha venido construyendo desde el inicio de su segundo mandato.

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