Salvador Camarena - Sonora Presente
La presidenta Claudia Sheinbaum tiene un afán concentrador. Lo muestra de nueva cuenta al enviar al Congreso ajustes nada menores a la reforma judicial. Quiere más control sobre los jueces y quiere menos autonomía de los estados al definir sus respectivos poderes judiciales. Es otra iniciativa que transgrede el sentido federalista de México, y un paso más en una dirección que lastrará su sexenio.
En veinte meses, Sheinbaum ha reconfigurado el sistema de pesos y contrapesos de México con el Plan C, que borró mucho de lo que trajo el periodo de las alternancias. En el caso del Poder Judicial fue más allá al crear mecanismos para decidir filtro, arribo y permanencia de quienes imparten justicia. Con ello, los tres poderes de la Unión responden hoy a una sola cabina, desde donde se pilotean turbulencias y caos.
Una visión superficial diría que hay hoy un gobierno más racionalmente compacto, orientado a la eficiencia, gracias a que distintos organismos reguladores del propio Estado ya no interfieren en las políticas de entidades como PEMEX o la CFE, o en políticas sobre mercados como el de telecomunicaciones. La realidad es que el Gobierno no tiene pretextos para no dar los resultados, pues ya no hay instancias que le restrinjan o siquiera supervisen. La captura del Poder Judicial fue el sumun de esa búsqueda de supuesta autonomía ejecutiva.
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