- Aunque muchos estaban divididos sobre la legitimidad de los cargos de asesinato imputados al expresidente de Cuba, la esperanza de que se produzcan avances que alivien su sufrimiento es generalizada.
Por Emma Bubola - The New York Times
Mientras la noticia de que Estados Unidos había imputado a Raúl Castro, expresidente de Cuba, por cargos de asesinato, se extendía por todo el mundo, muchos cubanos seguían sin enterarse.
Los apagones generalizados en la isla, que carece de combustible, y las señales telefónicas inestables hicieron que la noticia de la nueva y pronunciada escalada de la campaña de presión de Estados Unidos contra el gobierno cubano tardara en llegar a muchos de los propios residentes de Cuba.
Atrapados en las garras de un régimen represivo y de las punitivas sanciones estadounidenses, los cubanos que recibían las noticias a través de sus inestables celulares y televisores se dividían en cuanto a la legitimidad de los cargos presentados por Estados Unidos, que acusaban a Castro de asesinato y conspiración en el derribo de dos aviones en 1996, en el que murieron cuatro personas, entre ellas tres estadounidenses.

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