- Mientras Donald Trump redefine la retórica de la vecindad, Claudia Sheinbaum actúa y habla como si México tuviera hoy el mismo margen de maniobra que en el siglo XX.
Luis Antonio Espino - Letras Libres
Partamos de la realidad. El gobierno de Estados Unidos lleva un año tomando sistemáticamente pasos retóricos, políticos, diplomáticos y militares concretos para volver inevitable el uso total de la fuerza en contra de un nuevo enemigo: las redes de delincuencia organizada transnacional. El presidente Donald Trump está redefiniendo la gramática de la vecindad. Los narcos son terroristas. El fentanilo, arma de destrucción masiva. Así, le plantea a México dos opciones: sumarnos como aliados a la lucha frontal para atacar a ese enemigo de manera rotunda y espectacular, o dejar de ser aliados y ponernos en su contra. El único espacio de negociación realista para México está en los tiempos, las formas y los alcances de la alianza, no en si esta debe o no existir.
Ante esto, la presidenta Claudia Sheinbaum actúa y habla como si México tuviera hoy el mismo margen de maniobra que en el siglo XX, cuando el país jugaba el doble juego de coquetear con los enemigos de Estados Unidos –particularmente Cuba– y aplacar al poderoso vecino con lugares comunes diplomáticos y concesiones en otros temas. Ella y su gobierno usan un lenguaje completamente sacado de esa época: soberanía, no intervención, autodeterminación, colaboración sin subordinación. No es, como creen todavía algunos, una estrategia política de “cabeza fría”. Se trata de una apuesta cada vez más arriesgada para ganar tiempo y sostener el estado actual de cosas.

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