Por Luis Miguel González - El Economista
“Estados Unidos no necesita el T-MEC”, dijo ayer 13 de enero, Donald Trump “no necesitamos autos hechos en Canadá. No necesitamos autos hechos en México. Los queremos hacer aquí”. ¿Cómo interpretar esta declaración? Dejemos de lado el argumento de que Trump es indescifrable y tratemos de hallar sentido a un mensaje que fue emitido en una planta de la automotriz Ford en Michigan.
En Canadá piensan que es una respuesta a los guiños que está haciendo su primer ministro, Mark Carney, a China para venderles petróleo, luego del cierre del suministro venezolano. En México, se busca un vínculo posible con la llamada del lunes en la mañana con la presidenta Sheinbaum. Los medios estadounidenses enfatizan que se trata de un discurso que busca contrarrestar los temores relacionados con un debilitamiento del mercado laboral, derivados de los malos datos de creación de empleo. En el camino, aprovecha para reforzar su narrativa de renacimiento industrial de Estados Unidos: “las automotrices estadounidenses la están haciendo muy bien”, dijo Trump en la planta donde se fabrican las pick-up F-150.
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