Por: Isaac Katz - El Economista
En el artículo de la semana pasada (“Jugando con fuego”), apunté que para el gobierno de la presidenta Sheinbaum, en su relación con Trump, son tres temas los que destacan: el narcotráfico de fentanilo, la próxima revisión-renegociación del T-MEC y las exportaciones de petróleo y gasolina que ayudan a mantener a la dictadura cubana y que causan, por decir lo menos, molestia en el gobierno y en el Congreso de Estados Unidos. En una semana las cosas ya se complicaron.
Trump cursó sus estudios universitarios en la Universidad de Pensilvania, de donde se graduó con una especialidad (major) en Economía. Al parecer no aprendió lo básico: escasez, costo de oportunidad y ventajas comparativas. Su concepción del comercio internacional es totalmente errónea, ya que él lo ve como un juego de suma cero y considera que si Estados Unidos tiene un déficit comercial es porque los estadounidenses están subsidiando a los países con los cuales se tiene ese desbalance. De ahí que esté convencido de que imponer aranceles a las importaciones reduciría o eliminaría ese déficit, siendo que en el agregado el déficit frente al exterior (comercial y en la cuenta corriente de la balanza de pagos) tiene como contrapartida un déficit fiscal y un superávit en la cuenta de capitales.
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