En tres patadas
Diergo Petersen Farah - El Siglo de Durango
Con la novedad de que los estudios previos y los proyectos ejecutivos importan cuando se trata de hacer obra pública. No, no son caprichos tecnócratas o neoliberales, son herramientas para asegurar que la inversión tenga el mejor retorno social posible.
Todos los políticos tienen ideas, y un séquito de colaboradores dispuestos a decirles que las suyas son las mejores. El Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) y el Tren Maya, que los gobiernos morenistas presumen como un dechado de eficiencia y honestidad, son los mejores ejemplos de obras hechas a base de ocurrencias presidenciales y aplausos zalameros. Vamos a dejar de lado la decisión de cancelar el aeropuerto de Texcoco.
Vamos a suponer que efectivamente era una mala idea y un nido de corrupción. La pregunta es dónde está el proyecto ejecutivo que dijo que el mejor lugar para construir un nuevo aeropuerto en la ciudad de México era Santa Lucía, a 35 kilómetros del centro de la ciudad en un lugar sin comunicaciones. Dice el refrán que tontería es la primera decisión, lo demás son consecuencias. La decisión de hacer el aeropuerto en medio de la nada, simplemente porque ya estaba la pista de la base aérea, generó muy poca respuesta de los usuarios y nulo entusiasmo de las líneas aéreas. Para que funcionara se tuvo que tomar una serie de decisiones arbitrarias, como obligar a la carga aérea a salir del aeropuerto Benito Juárez contraviniendo convenios internacionales previamente firmados y que hoy tienen como consecuencia otra decisión unilateral, ahora de Estados Unidos, como represalia. No hubo un solo estudio o proyecto ejecutivo para trasladar la carga de forma paulatina, en acuerdo con las empresas. Fueron reacciones de pánico tomadas ante una realidad que no se acomodaba a los deseos presidenciales. Hoy otros, líneas aéreas y usuarios, pagan por el capricho.
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