Samuel Aguirre - El Sol de México
La relación México-Estados Unidos se encamina a un punto crítico. El presidente Trump presiona con declaraciones contundentes -“México hace lo que le decimos”- mientras detrás de escena la CIA sobrevuela territorio mexicano y los capos de los cárteles son extraditados a discreción del vecino del norte. Así, la presidenta Sheinbaum se enfrenta a un pulso histórico donde la soberanía, la seguridad y la economía están en juego.
En el trasfondo hay un eventual acuerdo de seguridad en ciernes. Para Trump, representa el triunfo de mitigar el flujo de drogas, eliminar la “amenaza terrorista” de los cárteles, y sellar su frontera sur. Para México, es eliminar la acción unilateral de Trump, el reconocimiento de que la estrategia de AMLO fracasó y de que, en solitario, México no puede doblegar a las organizaciones criminales.
Pero más allá de lo político, este pulso sobre la seguridad es decisivo para una economía mexicana con una altísima dependencia exportadora de Estados Unidos. Y lo es, porque por un lado abre la puerta a recursos, inteligencia y cooperación que México requiere; por el otro, expone la fragilidad institucional de México y mina su posición negociadora en frentes como el comercial.
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