Por: Vidal Llerenas Morales
En el entendido de que el Plan México es una política industrial, el programa tiene cuatro puntos clave. Uno, el de partida, es que México, una potencia exportadora, tiene el reto de incrementar el contenido nacional. Si la industrialización es deseable es justo porque la industria detona más cadenas y sectores que otras actividades, las de servicios, pero eso sucede solamente si una parte importante del contenido, no solo el ensamble, es producido por otros agentes económicos del país. Es por eso que, si queremos que el sector externo aporte más al crecimiento, sustituir importaciones, de manera estratégica, importa, para incorporar más insumos, mayor valor agregado y también para poner en condiciones competitivas a industrias que son afectadas por prácticas desleales de comercio y por la sobre producción de economías estatales.
El segundo es reaccionar ante la incertidumbre geopolítica, para reducir costos, y aprovechar las oportunidades. México puede ser un país ganador, si tenemos una estrategia, después de los cambios comerciales globales que vivimos, al no tener aranceles en la mayor parte de su comercio con América del Norte, frente a un arancel promedio mucho mayor que se va a imponer a la mayor parte de las naciones del orbe. Nuestra política industrial debe ser activa para apoyar a la industria automotriz, en la que hemos desarrollado capacidades de clase mundial, y fortalecer otras que se van a encontrar en ventaja relativa en materia arancelaria, como la farmacéutica, la de dispositivos médicos, la electrónica, la aeroespacial, así como varias áreas de la agroindustria. La relocalización va a continuar, pero con énfasis en un rango mayor de industrias.
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