lunes, 5 de mayo de 2025

Sheinbaum valida a Zedillo

Jesús Silva-Hérzog - El Siglo de Durango

Tras la elección del 18, los derrotados entregaron la plaza. Desaparecieron de la escena pública, salieron del país. Poquísimos defendieron las reformas que habían vendido como catapulta de la prosperidad. Mientras se iban desmontando, una a una, las instituciones que se habían levantado en los años anteriores, guardaron silencio. No especulo sobre los motivos de la retirada, pero me parece evidente que el haber dejado la mesa vacía contribuyó a la destrucción de los contrapesos. Una última soberbia marcó a la coalición desplazada: la idea de que el simple paso del tiempo les regresaría el poder.

La intervención de Ernesto Zedillo, aun siendo tardía, es valiosa. No entiendo por qué esperar a que la reforma judicial se insertara definitivamente en la constitución para levantar la voz. Su palabra, naturalmente polémica es importante porque fue durante su gobierno que se dieron pasos cruciales para la institucionalización de la pluralidad mexicana. Fue bajo su presidencia que el árbitro electoral consolidó su autonomía y que la Suprema Corte de Justicia, tras una reforma profunda, conquistó facultades que la convirtieron en un verdadero tribunal constitucional. Zedillo fue el primer presidente que hubo de vérselas con una legislatura opositora y finalmente, reconoció (si no es que impulsó) la derrota de su partido en el año 2000. Tiene razón Zedillo al percibir que el nuevo régimen entierra lo que él terminó de cultivar y que, en cierta medida, estrenó.

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