Carlos Ramírez - El Independiente
La esencia de la re-redefinición de Morena como partido en el poder no está siendo ninguna sorpresa: los perfiles mostrados en los últimos días y sobre todo en su congreso del domingo pasado exhibieron la reconstrucción del callista Partido Nacional Revolucionario, abuelo del PRI: fortalecer una estructura propiamente de partido, pero reforzando el liderazgo del caudillo en turno.
La carta de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo pone muy claro los alcances y destinos de Morena como partido en el poder, pero revela, sin necesidad de radiografías estilo médicas, las contradicciones internas de la estructura: no se puede ser un partido democrático si todo depende del presidente emérito Andrés Manuel López Obrador, lo cual no sería malo si se tratara del modelo de partido caudillista.
Los militantes de Morena, muchos de ellos con enfoques politológicos, no se han atrevido a hacer un diagnóstico de la organización partidista desde el punto de vista de la teoría de los partidos. La propuesta sistémica del ciclo de Elías Calles a López Obrador es un régimen basado en seis pilares fundamentales:

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