- La industria del automóvil es la piedra clave de las exportaciones que las multinacionales estadounidenses deslocalizadas en México envían a su propio país
Mónica González Islas - Carmen Morán Breña - México - El País
México ocupa el lugar número 8 del mundo en exportaciones y Estados Unidos es su primer destino comercial, un país que puede engullir toneladas de mercancía de toda clase. Vivir al lado de Donald Trump también tiene alguna ventaja. A los vecinos del norte les gustan los coches y tienen dinero para comprarlos, pero hace tiempo que cedieron parte de su capacidad productiva en favor de México, donde la jornada laboral le sale más rentable al empresario. En Cuatitlán Izcalli, a una hora y pico de la capital Mexicana, una torre se corona con una marca símbolo del añejo poderío económico de Estados Unidos, la Ford. Allí trabajan miles de obreros y una conversación en español monopoliza sus jornadas laborales y seguramente la de sus cocinas cuando llegan a cenar: los aranceles de Trump. “No se habla de otra cosa”, dice uno de ellos a las puertas de la impresionante factoría. Cómo no, si las tasas que quiere imponer el republicano a las exportaciones mexicanas tienen en vilo a medio país, con su presidenta, Claudia Sheinbaum, a la cabeza.
El sector automotriz es clave en todo esto, porque es la gallina de los huevos de oro en el comercio con Estados Unidos, donde va alrededor del 80% de los automóviles que se venden al extranjero. El año pasado, entre vehículos de motor y piezas para fabricarlos, México ingresó cerca de 100.000 millones de dólares, la mayor tajada de las exportaciones, y fue la General Motors, otra de históricas firmas estadounidenses, radicada en Coahuila, la mayor responsable de ello. Después va la japonesa Nissan y después, la Ford.

No hay comentarios:
Publicar un comentario