Jorge Zepeda Patterson - El Siglo de Durango
Parecería el guión de una mala película de ciencia ficción: el hombre más rico, el dueño de la empresa que domina el espacio exterior y la operación y lanzamiento de satélites, propietario de la red social con mayor influencia en el mundo, es potencialmente el poder tras el trono del mayor imperio militar y económico planetario. Alguien ha dicho, con cierta razón, que está en curso una especie de putinización del gobierno de Estados Unidos; la urdimbre entre la oligarquía y el poder político. Trump ha hecho una alianza con un puñado de billonarios para apoyarse mutuamente y vencer a sus rivales. La élite económica, dueña de las grandes empresas tecnológicas, ha venido resintiendo la intervención de los gobiernos que buscan limitar sus excesos. Ahora encontrarían en Trump una garantía para operar sin restricciones. Incluso los mandamases de Amazon, Facebook y Google, que en principio se inclinaban por una visión más progresista, han terminado por ceder ante el nuevo soberano. En parte porque así conviene a sus intereses, en parte porque no desean ser objeto de represalias y en mucho porque no les hace gracia dejarle a Elon Musk el control absoluto de lo que Washington vaya a hacer en materia tecnológica.
Para desgracia de ellos, y en realidad de todos, Musk les lleva ya mucha ventaja. No solo porque donó 250 millones de dólares a la campaña de Trump y abrió la red X a los puntos de vista de la derecha, comenzando por los suyos. Sobretodo porque se convirtió en vocero de su causa en muchos terrenos.
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