Jorge Zepeda Patterson - El Siglo de Torreón
No sé cuándo ni cómo se popularizó la costumbre de consumir doce uvas el primer minuto de Año Nuevo. Hoy todo restaurante que ofrece cenas en Nochevieja terminó adaptándola y en algún momento un hermano la introdujo en casa. Lo cierto es que desde hace años al lado de cada plato en la mesa observo una copa rebosada de uvas en espera de convertirse en la primera tarea del año que inicia. Porque en efecto, es una tarea. No sé ustedes pero yo paso problemas para producir un rosario de deseos a la velocidad con la que uno mastica cada uva para dar paso a la siguiente. Después de cinco o seis, encuentro dificultades conseguir el suficiente optimismo para enunciar un deseo que ni siquiera sé si deseo, por no hablar del empacho que experimentó tratando de hacer bajar una uva más, apenas masticada. En algún punto te preguntas si un puñado de pasas permitiría cubrir el expediente sin convertir en quien lo intenta en un aguafiestas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario