Luis Rubio - El Siglo de Torreón
No existe frontera tan intrincada y
diversa como la que separa a México de Estados Unidos. Lo fácil
es simplificarla, racionalizándola como
un asunto meramente comercial. La realidad es de una enorme heterogeneidad,
complejidad y multiplicidad. La frontera con Estados Unidos incluye cruces legales e ilegales, drogas, contrabando,
personas, ideas, mercancías, servicios y
pleitos. Todo lo que existe en ambas naciones cruza la frontera. Un viejo dicho
de aquella región afirma que “si cabe
por el puente, puede pasar”.
Desde el altiplano es difícil comprender la diversidad y complejidad de la zona fronteriza. Se trata de una región, en
ambos lados, que experimenta una relación simbiótica en la que cada uno vive
del otro y ninguno podría explicar su
existencia, y éxito, en ausencia del otro.
Muchos han hablado de un “tercer” país, distante tanto de México como de Washington DC, pero en realidad se trata de
un espacio de intercambio dinámico
donde todo ocurre, tanto lo mejor como
lo peor de ambas naciones.
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