- Teherán ondea la bandera de la venganza, pero un enfrentamiento directo con Estados Unidos sería suicida para el régimen. Es previsible que ataque a sus fuerzas en el Golfo o en Irak
La República Islámica está en pie de guerra. Por primera vez en su historia, ha izado la bandera roja sobre la cúpula de la mezquita de Yamkarán, en la ciudad santa de Qom. En la tradición del islam chií, el gesto indica que se aproxima una gran batalla por la sangre injustamente derramada y sigue a la promesa del líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, de una “dura venganza” por el asesinato del general Qasem Soleimani.
No podía ser de otro modo ante la escalada que esa operación de Estados Unidos ha supuesto en el enfrentamiento controlado que ambos países mantienen desde hace cuatro décadas y que se ha reavivado durante la presidencia de Donald Trump. El golpe llega además en un momento en el que la República Islámica, acosada por las sanciones norteamericanas, afronta una creciente contestación interna y su influencia es cuestionada tanto en Irak como en Líbano.
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