Luis Rubio - El Siglo de Torreón
Los balazos no funcionaron. Tampoco funcionan los abrazos. La inseguridad y la violencia aumentan y
no existe diagnóstico razonable sobre el
problema ni de la forma de resolverlo.
Bastó una declaración del presidente
Trump para que los responsables de la
seguridad se olvidaran de la problemática o de sus terribles consecuencias para la ciudadanía: prefirieron envolverse en la bandera, ignorando hasta el hecho mismo de la violencia. Ni el nacionalismo ramplón ni la ausencia de estrategia van a resolver el problema.
Es imperativo separar dos componentes de la problemática: la dimensión
estadounidense y la violencia misma;
se trata de dos perspectivas que responden a circunstancias distintas, aunque
pudiese haber vinculaciones. Por el lado norteamericano, el debate sobre la
naturaleza de los problemas de México
lleva décadas y ha ido cambiando en el
tiempo.
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