- Dos exgobernadores se disputan la presidencia del histórico partido mexicano, desplazado del poder federal y estatal, estrangulado económicamente y acorralado por casos de corrupción
Pocas veces ha roto el PRI el viejo código que dicta que en política los trapos sucios se limpian dentro de casa. En el 2000, la salida del poder tras 71 años de hegemonía total provocó los primeros temblores. Las peticiones de expulsión del entonces recién expresidente Ernesto Zedillo por permitir la apertura que dio entrada al turnismo con el PAN –derecha– y las acusaciones del fraude en la elección del nuevo presidente de la formación alumbraron por primera vez un riesgo real del implosión dentro del histórico partido mexicano.
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