- Bayron y Josué, dos migrantes hondureños que soñaban con cruzar a EE UU y han decidido instalarse en el norte de México, son parte de los más de 12.500 centroamericanos a los que el Gobierno de López Obrador ha otorgado una visa humanitaria en un tiempo récord
Elena Reina - Guatemala - México - El País
En el café La Habana de Ciudad de México, donde cuenta la leyenda que Fidel Castro bautizó la famosísima torta cubana, dos jóvenes disimulan su feroz apetito frente a una similar que lleva milanesa de res. Hace nueve días que no se sientan en una mesa con cubiertos y han decidido usarlos, aunque justo este plato se coma con las manos. Bayron Cruz y Josué Girón, de 23 y 22 años, no se parecen en nada, pero son como hermanos. Bayron es alto, fornido, con el rostro salpicado de cicatrices de un acné reciente, orgulloso de una sonrisa aparentemente ingenua, que no la interrumpe ni para recordar el día que unos tipos de la Mara Salvatrucha lo secuestraron a punta de cuchillo y destornillador en el Chamelecón, un barrio infernal de San Pedro Sula (Honduras). Josué es delgado, bajito, con una increíble capacidad para hablar solo cuando tiene algo que decir, aunque nadie lo esté escuchando. Los dos salieron juntos de San Pedro el pasado 15 de enero en la última caravana de migrantes rumbo a Estados Unidos para no regresar jamás. Bayron enseña orgulloso su nueva visa humanitaria: "México, ¿quién me lo iba a decir a mí?".
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