En medio de una redefinición no sólo de la política de seguridad sino de nuevas formas sociales de enfrentar el flagelo de la violencia asociada a la siembra de drogas, Guerrero de nueva cuenta podría ser el laboratorio que andaba buscando el gobierno de López Obrador para darle la vuelta a la violencia y trabajar en uno de los orígenes claros de la criminalidad: la falta de opciones para los ciudadanos.
Los dos primeros pasos son pequeños, pero podrían ser el comienzo del rescate del tejido social: entrega de fertilizante gratuito a campesinos para disminuir los costos de producción de productos alimenticios y las becas para el bienestar “Benito Juárez”.
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