martes, 5 de febrero de 2019

ELEGIDO POR DIOS

  • La religión se está filtrando por todas las rendijas de los edificios de nuestras democracias
Víctor Lapuente - El País
En abril de 2011, Mark Taylor, un bombero de Florida, veía en la televisión una entrevista a Trump. Y sintió que Dios le decía: “Estás escuchando la voz del próximo presidente”. Fue la primera de muchas revelaciones. La última, la semana pasada, cuando Sarah Sanders, portavoz de la Casa Blanca (o de los cielos), declaró que Dios había elegido a Trump de presidente por su defensa de las causas de los creyentes.
Los acólitos de Trump están rescatando así la vieja doctrina del derecho divino de los gobernantes. A lo largo de la historia de la humanidad, hasta llegar a este breve paréntesis de democracias liberales en el que vivimos, el orden social se fundaba en una premisa simple: el rey es un Dios visible, y Dios, un rey invisible. El monarca, lugarteniente de Dios, no puede equivocar.

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