viernes, 4 de enero de 2019

EN UN LUGAR DE LOS TRÓPICOS

  • Resulta difícil de explicar cómo Bolsonaro convenció a una parte de los brasileños de que los molinos eran gigantes
Carla Guimarães - El País
En un país tropical, de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía un militar jubilado que defendía la dictadura y que creía que el gran error de ese régimen fue no haber matado a más rojos. Este sobredicho militar, los ratos que estaba ocioso, se dedicaba a hacer campañas políticas y llegó incluso a ser diputado. En casi tres décadas en el Congreso, aprobó apenas dos leyes de su autoría. Su gran contribución, en sus propias palabras, fue evitar que ciertos proyectos fuesen aprobados. Por culpa de esos proyectos pasaba las noches en claro. “Las minorías tienen que inclinarse ante las mayorías”, dijo en cierta ocasión. La lucha en contra de la expansión de los derechos de mujeres, homosexuales, negros e indígenas le consumía por completo. Y así, de poco dormir y de mucho luchar, su cerebro se secó de tal manera que vino a perder el juicio. En efecto, rematada ya su cordura, un extraño pensamiento se alojó en su cabeza: hacerse presidente e ir por el país con sus armas defendiendo los derechos de los hombres blancos y ricos. Para conseguir su noble objetivo, estaba dispuesto a enfrentarse al mayor de los peligros, la izquierda radical.

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