Editorial El Universal
En el problema del robo de gasolina como en la mayoría de los ilícitos cometidos por la delincuencia organizada, hay personas que son el último eslabón de la cadena: los que se ven llenando bidones o vendiendo el combustible.
Hacia arriba de la pirámide son unos cuantos quienes resultan los más beneficiados y los que se embolsan sumas millonarias producto de la corrupción y del saqueo de bienes públicos. Son los altos funcionarios que se hacen de la vista gorda ante el robo de gasolina, son los jefes criminales que se coluden con la autoridad, son las grande empresas que adquieren el energético de manera ilegal.
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