domingo, 9 de diciembre de 2018

LA DEMOCRACIA NO SE COME

Jorge Zepeda Patterson - El Siglo de Torreón
Agua y aceite. Las discusiones a favor y en contra de López Obrador se han convertido en agua y aceite. Argumentaciones polarizadas que no admiten zonas intermedias, fusiones o terceras vías, como si una parte de la población hablase una jerga distinta a la otra; las palabras son las mismas pero los significados difieren sustancialmente. Se dice democracia, derechos humanos o equilibrio de poderes y los Silva Herzog, Aguilar Camín y Pardiñas escuchan frases en bronce, inapelables, innegociables. La misma reverencia con la que amloístas otorgan a palabras como pobreza, pueblo o injusticia social. En cierta manera ambas partes tienen razón. Quisiéramos vivir en una sociedad más democrática y gozar de plenas libertades, pero también desearíamos que fuese más justa y menos desigual. En teoría ambas aspiraciones son reconciliables y mutuamente reforzantes. Pero en la práctica unos y otros difieren en las prioridades, en los sacrificios que supone invertir los escasos recursos en una meta y no en la otra.

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